04 · 10 · 2023
Categoría / padecimientos del recto
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¿Qué es el prolapso rectal?

El prolapso rectal es una condición en la que el recto, que es la parte final del intestino grueso, se sale de su posición normal y se desliza hacia fuera por el ano. El recto es el segmento del intestino donde se almacenan las heces antes de ser expulsadas. El ano es el orificio por el que se eliminan las heces del cuerpo.

El prolapso rectal puede ser parcial o completo. En el prolapso parcial, solo una parte de la pared del recto se protruye por el ano. En el prolapso completo, toda la pared del recto se sale por el ano. El prolapso puede ocurrir de forma ocasional o permanente, y puede causar síntomas como dolor, sangrado, incontinencia fecal, secreción de moco, picazón e incomodidad.

El prolapso rectal es más frecuente en personas mayores de 50 años, especialmente en mujeres que han tenido varios partos. También puede afectar a niños menores de 6 años, debido a algunas enfermedades o a un esfuerzo excesivo al defecar. Se estima que la incidencia del prolapso rectal en la población general es de 0.2 a 1 por cada 1000 habitantes¹.

¿Cuáles son las causas del prolapso rectal?

La causa exacta del prolapso rectal no se conoce con certeza, pero se cree que está relacionada con varios factores que debilitan los músculos y los ligamentos que sostienen el recto en su lugar. Algunos de estos factores son:

El envejecimiento, que produce una pérdida de elasticidad y tono muscular en la zona pélvica.

  • El estreñimiento crónico o la diarrea crónica, que provocan una presión y una tensión constantes sobre el recto.
  • El embarazo y el parto, que pueden dañar los nervios y los tejidos del suelo pélvico.
  • Las cirugías o las lesiones previas en la región anal o pélvica, que pueden alterar la anatomía o la función del recto y el ano.
  • Las enfermedades neurológicas, como la esclerosis múltiple, la enfermedad de Parkinson o la lesión medular, que pueden afectar a la inervación y a la contracción de los músculos anales y rectales.
  • Las enfermedades sistémicas, como la diabetes, la fibrosis quística o las infecciones parasitarias intestinales, que pueden causar una mala nutrición o una dificultad para digerir los alimentos.

¿Cuál es el tratamiento del prolapso rectal?

El tratamiento del prolapso rectal depende de la gravedad, la frecuencia y los síntomas que provoque. En algunos casos, se pueden adoptar medidas conservadoras para aliviar las molestias y prevenir el empeoramiento del prolapso. Estas medidas incluyen:

  • Seguir una dieta rica en fibra y beber abundante agua para evitar el estreñimiento y facilitar las deposiciones.
  • Usar laxantes o ablandadores de heces si es necesario para evitar hacer fuerza al defecar.
  • Realizar ejercicios de Kegel para fortalecer los músculos del suelo pélvico.
  • Aplicar hielo o compresas frías sobre el ano para reducir la inflamación y el dolor.
  • Empujar suavemente el recto hacia dentro con los dedos si se sale por el ano.

En otros casos, cuando las medidas conservadoras no son suficientes o cuando el prolapso es severo o recurrente, se puede recurrir a la cirugía para corregirlo. Existen diferentes tipos de cirugía para el prolapso rectal, que se pueden clasificar en dos grupos:

  • Cirugía abdominal: consiste en realizar una incisión en el abdomen para acceder al recto y fijarlo a su posición normal mediante suturas o mallas. Esta cirugía tiene una mayor tasa de éxito y menor riesgo de recurrencia, pero también implica una mayor complejidad y morbilidad.
  • Cirugía perineal: consiste en realizar una incisión en el periné (la zona entre el ano y los genitales) para extirpar la parte del recto que se sale por el ano y suturar el resto. Esta cirugía tiene una menor tasa de éxito y mayor riesgo de recurrencia, pero también implica una menor complejidad y morbilidad.

La elección del tipo de cirugía depende de varios factores, como la edad, el estado de salud, el grado de prolapso y la preferencia del paciente y del cirujano. La cirugía abdominal suele ser más adecuada para pacientes jóvenes y sanos con un prolapso completo, mientras que la cirugía perineal suele ser más adecuada para pacientes ancianos o con otras enfermedades con un prolapso parcial.

¿Qué complicaciones puede tener el prolapso rectal?

El prolapso rectal puede tener algunas complicaciones si no se trata adecuadamente. Algunas de estas complicaciones son:

  • El estrangulamiento del recto, que ocurre cuando la circulación sanguínea se interrumpe por la presión del ano sobre el tejido saliente. Esto puede provocar necrosis (muerte) del tejido, infección y sepsis (infección generalizada).
  • La úlcera rectal solitaria, que es una lesión en la mucosa del recto causada por el roce y la fricción del tejido saliente. Esto puede provocar sangrado, dolor e infección.
  • El prolapso recurrente, que ocurre cuando el recto vuelve a salirse por el ano después de haber sido tratado. Esto puede deberse a una técnica quirúrgica inadecuada, a una mala cicatrización o a factores predisponentes no corregidos.

¿Cómo se puede prevenir el prolapso rectal?

El prolapso rectal no se puede prevenir por completo, pero se pueden tomar algunas medidas para reducir el riesgo de padecerlo o de que se agrave. Estas medidas son:

  • Mantener una buena higiene anal y evitar las irritaciones o las infecciones en la zona.
  • Evitar el sobrepeso y la obesidad, que pueden aumentar la presión sobre el recto y el ano.
  • Evitar los hábitos que puedan dañar los músculos o los nervios del suelo pélvico, como fumar, beber alcohol o consumir drogas.
  • Consultar al médico ante cualquier síntoma o signo de prolapso rectal, como sangrado, dolor o masa en el ano.
  • Seguir las indicaciones médicas y los cuidados postoperatorios en caso de haber sido sometido a una cirugía para el prolapso rectal.

Conclusión

El prolapso rectal es una condición que afecta al recto y al ano, y que puede causar molestias e interferir con la calidad de vida. Su causa exacta no se conoce, pero se asocia a varios factores que debilitan los músculos y los ligamentos que sostienen el recto en su lugar. Su tratamiento puede ser conservador o quirúrgico, dependiendo de la gravedad y los síntomas que provoque. Su prevención se basa en mantener una buena salud intestinal y pélvica, y en acudir al médico ante cualquier sospecha.

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